Espiral de indagacion

Las reflexiones sobre la escuela llevan a reafirmar que la formación docente está estrechamente vinculada a ella, al reconocer su carácter público y común, como espacio de convivencia, hospitalidad, generosidad, y lugar clave en el mundo.

La formación docente puede contribuir a comprender que la experiencia escolar no se limita a saberes curriculares, sino que genera vínculos y afectos que deben sostenerse en este regreso.

Desde la formación es preciso reflexionar sobre la dimensión técnica de la enseñanza: qué podemos y no hacer con cada plataforma tecnológica; qué se necesita hacer según el espacio-tiempo de la práctica docente; cómo visibilizar el aprendizaje, revalorizando los procesos.

También desde la formación necesitamos repensar la selección curricular, identificando qué es lo más importante ahora, recordando que cumplir un programa en su totalidad no es un objetivo en sí mismo, sino que suceda una experiencia escolar.

Como el desafío en el aula es hacer una enseñanza para todos y para cada uno, la formación docente necesita hacerlo suyo.

Durante la pandemia, primó el trabajo individual, mientras regresar a la escuela abre la posibilidad de la construcción colectiva del conocimiento. Conocer es merodear por lo ajeno, extraviarse, y volver para reflexionar sobre lo propio; lo contrario a “salir de lo propio para reforzarlo por medio de lo otro” (Chantal Maillard); impulsando un interés por el mundo que pudo haberse perdido entre las pantallas. En este marco, la formación debe contribuir a que los docentes piensen por sí mismos.

Repensar el trabajo docente es recuperar lo aprendido durante la contingencia sanitaria, dejando atrás cargas administrativas y evidencias de aprendizaje. Además, involucra una formación docente que promueva el trabajo colectivo y espacios para el bienestar y la construcción de lo común.

 

 

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